domingo, 27 de junio de 2021

4. El Logos de la Edad Moderna

 LA EDAD MODERNA

Calvino (1509-1564), formado inicialmente como letrado humanista, no puede evitar usar el lenguaje aristotélico de causa y cantidad para describir su divinidad: “Dios no es sólo causa primera; también lo gobierna y dirige todo”; “No es sólo universal la providencia, sino también particular”.

El pastor reformador afirma que el entendimiento humano (¿logos?) no está “sano y perfecto, cuando es débil y está tan envuelto en tinieblas”. Los reformadores rechazan el libre albedrío pues «Cristo Dios nos eligió antes de la creación del mundo, para estar en su presencia sin culpa ni mancha» (Efesios 1-4).

El individuo parece estar predeterminado desde antes de su nacimiento para obtener el premio o castigo eterno. Y, por tanto, no tiene control sobre su propio destino. Además, la reforma destierra la noción de que la devoción religiosa debe ir acompañada del rechazo de los asuntos mundanos. Un trabajador no tendría forma de comprobar el axioma calvinista de que “se salvarán sólo aquellos que estaban predestinados a salvarse”. Pero el trabajo duro y la frugalidad se podrían considerar algunas de las señales de ser uno de los elegidos. “Por sus frutos les conoceréis” de San Mateo (7:20) se convierte en una obligación de trabajar diligentemente para obtener la bendición de Dios, aportar al bien común y cuanto más aportes más cerca estarás de Él. Ha nacido el capitalismo de interés compuesto: rentabilidad más la gracia divina reinvertibles en esta y la otra vida.

John Locke (1509-1564) sigue los postulados calvinistas de la providencia absoluta de Dios para definir a la razón como la expresión de la voluntad divina en el interior de cada persona: «Facultades de discernimiento que le ha dado su Creador para alejarle de la confusión y el error»... «Nuestro Salvador no sólo confirmó la ley moral, limpiándose del lustre corrupto de escribanos y fariseos… sino que, además, demanda de sus discípulos obediencia de varios mandamientos que ratifica de nuevo, con ejecución y castigo en el otro mundo, de acuerdo a su obediencia o desobediencia». En ausencia de una verdadera ciencia moral, deberíamos sentirnos bendecidos por haber obtenido las enseñanzas morales que Dios nos ha revelado a través de su Hijo.

Suerte que la Revelación Original es transmitida al profeta y este la comunica a través de palabras u otros métodos vulgares de comunicación al resto de los mortales a través de la Revelación Tradicional. Pero, si Dios así lo decidiera, algunas verdades o realidades podrían ser anunciadas por Revelación Original y luego notificadas peer to peer. Pero, oh, qué pena, nunca podríamos estar tan seguros de estas revelaciones como si las hubiéramos razonado nosotros mismos a través de la evidencia deductiva. Y, eureka, cuando tenemos tal prueba, no necesitamos la revelación... Se le olvidó añadir: “Es curioso que ningún descubrimiento en la historia del conocimiento se haya producido por revelación divina, excepto la revelación divina en sí a los “profetas”. Al menos en esto Dios ha sido omni-consistente. No podemos juzgar hechos o dichos del pasado con ojos del presente.

Para Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) “la voz del pueblo es en efecto la voz de Dios”. El “contrato social” protege a las personas, sus bienes y la libertad de la sociedad civil republicana, que es gestionada políticamente por algo que el suizo llama “la voluntad general”, que guía de forma “natural” la asamblea. Voluntad general que realmente es la voluntad de la Divinidad. ¡Quién no se imagina a Robespierre (1758-1794) emocionado cada vez que caía la hoja de la guillotina guiada por la voluntad general del Nuevo Ser Supremo! Excepto, claro, cuando la vió caer de refilón por última vez sobre su propio cuello un par de meses después de la inauguración de su nueva religión. “Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo”, le gustaba citar a su colega Voltaire (1694-1778).

Isaac Newton (1642-1727) sintetiza la razón científica y la providencia calvinista en sus Principios Matemáticos de la filosofía natural (1687) donde intenta probar con la razón de las matemáticas que los fenómenos del universo fueron diseñados por Dios. «Cuando escribí mi tratado sobre nuestro Sistema, tenía un ojo puesto en los Principios que podrían servir para aquellos hombres que tienen en cuenta la creencia en una Deidad y nada puede regocijarme más que encontrarlo útil para ese propósito».

El loco logos griego se había colado por la puerta de atrás (de la Córdoba musulmana) y hacía estragos con su mala costumbre de cuestionar mitos, fenómenos naturales y formas de gobierno. Así, ahora cuestionaba la configuración del universo, sus dioses, las monarquías absolutistas y sus sistemas políticos y económicos. 

Locke y Thomas Hobbes (1588-1679) chocaron con sus puntos de vista a finales de este siglo del barroco. Hobbes abogaba por el absolutismo dejando el estado en mano de un solo individuo. Locke defendía que la legitimidad de un gobierno partía del consentimiento de la gente a la que se gobernaba. Y ambos se enfrentaron al exilio. Hobbes por su cercanía a Carlos I tras su ejecución (1600), Locke por sospechas de colaboración en la insurrección de la Revolución Gloriosa (1688), que acabaría definitivamente con el sistema de monarquía absoluta en Inglaterra, inaugurando el origen del actual parlamentarismo inglés.

«El hombre es un lobo para el hombre» sumariza el pensamiento de Hobbes, quien describe la vida como algo «solitario, pobre, desagradable, brutal y breve». El estado natural es la guerra donde los pueblos luchan despiadadamente por los recursos, el poder y su supervivencia, y «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles lo que deben». Para él la formación del estado político se gesta a través de las libertades que los ciudadanos están dispuestos a sacrificar a cambio de la protección ante la amenaza de la anarquía total. Su obra El leviatán muestra una figura monárquica mastodóntica formada por súbditos que se han sometido a su autoridad para mantener la paz.

Para Locke, el estado de la naturaleza es la libertad donde los individuos tienen tres derechos naturales e inalienables: la vida, la libertad y la propiedad. Y tienen, por tanto, el deber moral de preservarlos, aunque en caso de conflicto, las partes carecen de parcialidad suficiente para resolver en buenos términos y conceden a un tercero el poder para mediar: el estado. Y así, argumenta Locke, el ciudadano, capaz de hacer uso de la razón, debe consentir inicialmente la formación de ese poder político para garantizar sus derechos básicos, pero no de forma supervisora y paternalista, sino limitada. Y con esta perspectiva, publicó sus Dos Tratados del Gobierno de forma anónima tras la revolución Gloriosa, incluso cuando Jaime II había sido depuesto en favor de una monarquía constitucional, y donde comenta:

«Sin embargo, cuando más tarde, la ambición y el lujo, retendría y aumentaría el poder, sin desempeñar los acometidos para que fue concebido, asistido por los halagos, enseñó a los príncipes a tener intereses distintos y ajenos a los de su gente, los hombres vieron necesario examinar más detenidamente el origen y los derechos del gobierno, y encontrar formas de frenar los excesos y prevenir los abusos de ese poder, que habiendo sido confiado a las manos de otro, sólo para su propio bien, descubrieron que se utilizaba para hacerles daño».

Locke es el precursor de la idea del contrato social antes de que Rousseau popularizara el término, se le considera el fundador del pensamiento liberal y su visión es la que ha prevalecido a lo largo de la historia. Sus ideas sobre la protección de la vida, la libertad, la tolerancia religiosa, el consenso popular, la autonomía del individuo, su “derecho” a la sublevación  tuvieron una influencia especial en la declaración de Independencia de los Estados Unidos, que según Thomas Jefferson (1743-1826): «Toda su autoridad se apoya en la armonización del espíritu de la época, ya se exprese en conversaciones, cartas, ensayos impresos o en los libros fundamentales de dominio público, como los de Aristóteles, Cecerón, Locke, Sidney, etc».





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